Historia de los primeros Centros de Belleza

Publicado el 02/16/2022

primer centro de belleza

Del ámbito domestico a los institutos de estética

A poco que indaguemos sobre el mundo de la belleza y de los centros de estética y, siendo más precisos, nos acerquemos al punto de tratamientos caseros versus tratamientos impartidos por profesionales, nos daremos cuenta del camino paralelo que ambas líneas han seguido en relación a la evolución de la propia emancipación femenina. Pasar de cuidarte con tus propias fórmulas en el interior del hogar a acudir a los servicios de los institutos de belleza solo ha sido posible cuando las mujeres han ido obteniendo cuotas de autonomía en el ámbito personal, social y económico. Es uno de tantos ejemplos derivados de la especifica historia femenina, y que admite enfoques bien diferenciados según la perspectiva que adoptemos.

No es necesario reafirmar, pues, que la reclusión ha sido hasta tiempos bien recientes, el lugar común de las féminas, el confinamiento en el hogar. Excepto mujeres privilegiadas y siempre minoritarias, el modelo se desarrolló así en todos los rincones del mundo. Y eso supuso una suerte de autoabastecimiento, de autarquía forzada para la gran mayoría de las mujeres, desde la vestimenta a los cuidados personales. Y citamos todo esto a cuento de los centros de belleza, cuando nos planteamos cuestiones tales cómo desde cuando existen, quienes los crearon, que ofertaban, qué clase de mujeres los utilizaban etc. etc. 

Quizás 1910 o en torno a ese año, sea una buena fecha para datar los primeros centros de belleza si utilizamos criterios actuales de lo que entendemos por este tipo de establecimientos. Fue Elizabeth Arden quien fundó entonces un salón en el centro de Nueva York, en Manhattan; no obstante este dato cierto, también se cita a Clara Rubistein como la que pudo igualmente ser la pionera en crear una empresa de tratamientos estéticos algunos años antes, además lo hizo en Australia, a donde había emigrado después de estudiar medicina en su país, Polonia. Cuentan que viajó con 12 tarros de crema producidos por un amigo químico y fueron precisamente estos tarros el origen de su gran negocio, Beaty Valaze el nombre comercial inicial; en muy pocos años tenía sucursales en Londres y en Nueva York.

Estas son desde luego las primeras iniciativas, o quizás las más impactantes por su desarrollo posterior; a partir de ellas aparecieron muchas otras a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, tiempo en el que se produjeron tantos cambios y avances trascendentales en la vida de las mujeres, primeros votos , incorporación política, laboral, estudios académicos y, en otro orden de valores, aunque con ligazón en esos otros más profundos, cambios radicales en el modo de vestir, peinarse, maquillarse.

Retornando a nuestro tema objetivo, los centros de belleza no sólo se expandieron cuantitativamente, también lo hicieron en lo referente a la investigación y la elaboración de gamas de productos cada vez más sofisticados y eficientes, además de incorporar propuestas y rutinas de ejercicios físicos y de una alimentación equilibrada, al considerar de forma holística el cuidado del cuerpo y de la cara. Es decir, hay un interés creciente por ir más allá del cuidado convencional de la dermis. Desde esos momentos hasta ahora, todas conocemos los grandes avances, la sofisticación y la interminables opciones que nos ofrecen tantos y tantos centros que encontramos en todas las ciudades, grandes o pequeñas, de todos los rincones del mundo.

Quizás podríamos haber comenzado este texto con un acercamiento al concepto de salón de belleza como establecimiento comercial que ofrece tratamientos para la conservación y mantenimiento de la salud de la piel, mejorando la imagen de las clientes (ya también podemos decir de los clientes). Establecimientos que han de ser atendidos y dirigidos por profesionales oficialmente diplomados.

O también podría haber comenzado diciendo que siempre han existido fórmulas para el cuidar el físico: baños de leche, exfoliaciones, maquillaje del rostro, manicura, cortes de cabello, etc. Etc. Los antiguos egipcios se cuidaban mucho; los griegos clásicos, otro tanto, los de clase alta acudían a centros donde les peinaban y embellecían con cremas y maquillajes exclusivos para las élites.

belleza en el renacimiento

Buscando sus raíces

En el Renacimiento se miraron, como en tantos otros ámbitos, en la época clásica, y para las cuestiones de la belleza utilizaron como modelo. La diferencia probable es que más segmentos sociales pudieron seguir la tendencia. 

Las extravagancias barrocas que siguieron fueron superadas y suavizadas bajo el influjo revolucionario subsiguiente, que divulgó las medidas higiénicas y unos modos más naturales de cuidarse. Esta etapa fue seguida por un cierto retroceso en su carácter público, pues los prejuicios y normas sociales tan rigurosos y restrictivos que envolvían a las amplias y poderosas capas burguesas decimonónicas, obligaban incluso a que las peluqueras tuvieran que acudir a los domicilios de las damas para peinarlas. Los hombres sí podían, por supuesto, seguir acudiendo a las barberías.... Aún más, en las postrimerías decimonónicas, una tal Mme. Lucas fundó en Paris un centro al que las clientas acudían de incognito; ¡¡¡¡no estaba bien visto que las damas de la buena sociedad frecuentaran esta clase de lugares!!!!

Completamos este bosquejo de una historia tan extensa y llena de curiosidades y peculiaridades como cualquier otra no ajena a la evolución de las sociedades, con una referencia a Eleanor Hunt, quien, en Londres, alrededor del 1900, abrió un centro de belleza. La destacamos porque no solo fue una precursora sino porque creó protocolos de trabajo profesionales e introdujo los masajes, la depilación, la estimulación muscular, y muchas otras propuestas, que le otorgan por méritos propios el compartir el título de pionera en el mundo de la belleza y la estética, aunque hayan sido otras mujeres, como las citadas Arden y Rubinstein, las que se han mantenido como figuras protagonistas por excelencia. Algo común en todas fue, sin duda y por encima de todos otros matices, su inteligencia, su talento y su emprendimiento para romper las barreras sociales hasta entonces imperantes y dirigir un sector de la industria y el comercio tan innovador y potente como lo es en nuestros días el objeto de nuestro comentario.

.Helena Rubinstein

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