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Ceniza y orines. El detergente estrella en la Roma Imperial

Publicado el 28/12/2014

fullonica tintoreria romana

 

Todas las ciudades de la Roma Imperial tenían sus establecimientos para la limpieza de ropa, los Fullonci, el antepasado de nuestras actuales lavanderías, pero conzcamos su detergente estrella: una mezcla de cenizas y orines.



Si en época romana hubieran existido los anuncios de tv, la mujer del futuro que nos trae el detergente milagroso, no vendria de muy lejos, vendría de Hispania. Si, unos de los ingredientes para los detergentes en la Antigüedad era el orin y el celtíbero era el de calidad premium, importabamos nuestro pis en anforas a la capital del imperio!

 

Este ingrediente, rico en amoniaco, era mezclado junto con cenizas y cal en las piscinas de las fullonicas o tintorerias, donde los esclavos pisoteban la mezcla junto con las togas de los senadores y patricios para blanquearlas. El proceso era el siguiente: primero arreglaban las prendas y pasaban al saltus fullonici, donde este detergente junto al esfuerzo de los esclavos pisoteando continuamente las ropas, ayudaba a limpiar las manchas de ropas y manteles. Posteriomente las ropas eran aclaradas con agua de lluvia, en la lacuna fullonica, y secadas al sol. Los mas pudientes pagaban para que fueran perfumadas con aromaticas, .. y si no pues te aguantabas.

 

Saltus fullonici

 

El origen del orin no era sólo de importación, lo mas común es que en las paredes externas del local hubiera anforas perforadas que invitaban a los transeuntes a desaogarse tranquilamente, conduciendolo directamente hacia el saltus fullonci.

 

Pero como anecdota realmente curiosa y aplicable a los tiempos actuales, conviene comentar que llego a ser de tal importancia que se gravo con un impuesto y cierto o no, hay una historia contada por Suetonio, en la que el hijo del emperador Vespasiano, tito, le recrimina a su padre el origen del oro proveniente de este "sucio" impuesto, a lo que el emperador se saca un aureo y se lo entrega a su hijo, y le preguntó si le molestaba el olor, a lo que este respondio que no. entonces su padre le espeto: pecunia non olet (el dinero no huele).. moraleja con una actualidad absoluta.

 

Fuentes: Historias de la Historia

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